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Reacción de una Familia a La Noche de los Cristales Rotos

Marie Kahle (maestra), su esposo (profesor universitario y pastor luterano) y sus hijos, fueron testigos de los eventos de La Noche de los Cristales Rotos en la ciudad de Bonn y de los efectos que estos tuvieron en sus vecinos y colegas judíos. Marie Kahle escribió sobre las decisiones que ella y su familia tomaron al día siguiente:

El 10 de noviembre de 1938, a las 11:30 de la mañana, la esposa de un colega judío vino a hablar conmigo y me dijo que las dos sinagogas de Bonn habían sido incendiadas y que los hombres de las SS habían destruido los negocios judíos, ante lo cual respondí: “¡No puede ser cierto!”. Me entregó un manuscrito para guardarlo, era el trabajo de toda una vida de su esposo. Entonces, uno de mis hijos me contó la misma noticia.

Mi tercer hijo de inmediato se fue, sin que yo supiera, a un negocio de un relojero judío, le ayudó a la esposa del hombre a esconder unas pocas cosas y trajo a casa un cofre con las piezas de relojería y joyería más valiosas. Después fue a una chocolatería, le advirtió al propietario y le ayudó a pasar el té, el café, el cacao, etc., a un cuarto que había en la parte trasera del edificio. Mientras los tres hombres de las SS estaban destruyendo todo frente al negocio, él se escapó por la puerta trasera con una maleta llena de títulos y volvió a casa en su bicicleta. Después, pasó semanas vendiendo estas cosas ocultas a nuestros conocidos y, de esta manera, consiguió dinero para los dos propietarios de los negocios de los que la Gestapo no tenían conocimiento. El 10 de noviembre, un colega judío de mi esposo se quedó con nosotros todo el día y así evitó ser arrestado.

A partir del 11 de noviembre, mis hijos trabajaron intensamente para ayudarles a los comerciantes judíos a desocupar sus negocios. No pude participar personalmente porque no quería poner en riesgo el cargo de mi esposo. Solo podía visitar a las personas pobres. Durante una de estas visitas, mi hijo mayor y yo fuimos sorprendidos por un policía, quien anotó mi nombre. La consecuencia fue un artículo en el periódico… para el titular del 17 de noviembre de 1938 que decía: “Esta es una traición del pueblo: la señora Kahle y su hijo le ayudaron a la judía Goldstein a desocupar su negocio”.

Por este artículo en el periódico, a mi esposo lo suspendieron de inmediato y se le prohibió entrar… a los edificios de la universidad. A mi hijo mayor también le prohibieron entrar a la universidad. Fue condenado por un tribunal disciplinario… Durante la noche, nuestra casa fue atacada. Rompieron los cristales, etc… La policía vino poco tiempo después, pero se fue de inmediato. Uno de los policías me aconsejó que tuviera cuidado en la calle: allí, encontramos escrito en el piso con enormes letras rojas: “¡Traidores al pueblo! ¡Amantes de los judíos!”. Limpiamos lo que escribieron con trementina.

Sin embargo, como las personas volvían constantemente en sus automóviles, salí de ahí abiertamente en mi bicicleta. No quería que me mataran a golpes frente a mis hijos; además, representaba un peligro para mi familia. Encontré un refugio en un pequeño convento católico, donde las monjas eran lo suficientemente amables para cuidarme a mí y a mi hijo menor. Unos días después, durante el interrogatorio de la Gestapo, me preguntaron si sabía el número de matrícula del automóvil cuyos ocupantes eran responsables del ataque. Cuando respondí que no, me liberaron. Al salir del edificio de la Gestapo, este mismo automóvil se detuvo frente a la puerta; incluso reconocí al conductor.

En todo este periodo, el evento más importante fue una visita en 1939 de un conocido neurólogo que, como Director de Educación del Reich… estaba bien enterado de los asuntos judíos. Me dijo, en dos tardes que estuvimos solos, lo que nos pasaría a mí y a mi familia, algo como: “Los judíos y los amigos de los judíos deben ser exterminados. Estamos exterminando a los amigos de los judíos y a toda su descendencia”. Después dijo que yo no tenía salvación, pero que mi familia sí. Cuando le pregunté qué debía hacer, me respondió en forma de un par de historias en las cuales la esposa se suicidaba y así salvaba a su familia. Después preguntó: “¿Cuánto Veronal [una pastilla para dormir] tiene?”. Cuando respondí: “Solo dos gramos”, me hizo una prescripción por la cantidad que me faltaba. Cargué el Veronal conmigo unos días, pero luego decidí que no iba a suicidarme; en vez de eso, trataría de huir del país con mi familia.

En cuatro meses, solo tres de los colegas de mi esposo se atrevieron a visitarnos. No me permitían salir durante el día. Una noche, cuando me encontré con la esposa de un colega y me quejé de que ningún amigo o conocido se había atrevido a visitarme, ella dijo: “No es cobardía, solo estamos enfrentando los hechos”.1

Poco después, la familia salió de Alemania.

Citations

  • 1 : Marie Kahle, en The Night of Broken Glass: Eyewitness Accounts of Kristallnacht, ed. Uta Gerhardt y Thomas Karlauf (Cambridge, Reino Unido: Polity Press, 2012), 88-90. Reproducido con autorización de Polity Press.

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