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My Dell Hid My Privilege and My Mac Hid My Financial Need (En Español)

In Spanish, in this personal narrative a young adult reflects on their experience reckoning with social class and privilege while attending boarding school.
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Language

Spanish

Asunto

  • English & Language Arts
  • Culture & Identity

Mi Dell escondía mis privilegios y mi Mac escondía mis necesidades económicas

Por Zöe Sottile

Lo que más me emocionaba era la laptop.

Mi madre me quitó el sobre de las manos y leyó los beneficios asociados a la beca Tang para la Academia Phillips: matrícula completa para los cuatro años, un viaje de verano gratis, 20 dólares a la semana para gastar en todos los Cheetos y el esmalte de uñas que quisiera y, finalmente, una laptop gratis.

Nunca había tenido una computadora propia y este panorama representaba un mundo de nuevas posibilidades. De lo que sabía, era la única estudiante de mi secundaria pública que fue a un internado de élite, y me sentí como si me hubieran invitado a un club selectivo. Durante mi primera semana en Andover, asombrada por su glamour y su novedad, me abrí paso hasta la oficina de ayuda financiera para recoger la laptop; le envié a mi madre una foto mía sonriendo con la caja. De vuelta en mi dormitorio, saqué mi premio, una pesada pero funcional Dell, y me maravillé de sus elegantes bordes, de su increíble velocidad.

Pero la historia de amor a mi laptop se detuvo de forma abrupta. En la biblioteca, mientras trataba de encontrar un lugar donde sentarme, empecé a ver a mis cada uno amigos sacar una MacBook. Eran bastante delgadas y parecían súper livianas. Y la mía, tan pesada que me dolía la espalda y con un sonido como de un perro cansado, estaba claramente fuera de lugar. Mi laptop, que creía que era mi boleto de entrada al selecto mundo de Andover, en realidad me delataba como la forastera que era.

Durante mucho tiempo, ésta fue la parte central de mi experiencia en Andover: siempre una forastera. Cuando salía con amigos más ricos, me confundía lo diferente que era su vida de la mía. Mientras ellos pasaban los veranos en Praga o París, yo pasaba los míos buscando en las tiendas de segunda mano de New Haven. La brecha entre beca completa y paga completa parecía insuperable.

Pero también me sentía como una forastera al ir a las reuniones del grupo de afinidad de la beca completa. Mis padres asistieron a la universidad y se criaron siendo más ricos que yo, lo que me dio un capital cultural al que muchos de mis amigos con beca completa nunca tuvieron acceso. Además, soy blanca y puedo permitirme entradas para conciertos ocasionales o aretes bonitos. La laptop, que llevan todos los estudiantes con beca completa y que está codificada con significados ocultos, guiaba las ideas que mis amigos tenían de mí. En casa, crecí en la clase media, luego me convertí en la privilegiada de la escuela preparatoria. Pero en Andovar, de repente, era pobre. Al tratar de conciliar estas identidades en conflicto, me di cuenta de lo complejas y cambiantes que son las clases. Mi clase está relacionada con los ingresos de mis padres, pero también está arraigada en conocimientos culturales y objetos cargados de mayor significado.

Lo que me lleva de nuevo a la laptop: en pleno otoño de mi último año, mi Dell, agotado, se descompuso y no pude comprar otro. Cuando conseguí que mi escuela me prestara una Mac delgada, sentí que las paredes que me rodeaban cambiaban de orientación. Esperaba que ahora no tuviera que pensar en la red eléctrica de privilegios y poder cada vez que enviara un email. En vez de eso, sentí una nueva ansiedad: cuando me senté en el magnífico comedor con mi hermosa computadora, me preocupó haber perdido una parte importante de mi identidad.

Cuando empecé en Andover, estas tensiones constantes se sentían como una trampa: como si nunca podría estar a gusto en ningún sitio. (La escuela también lo percibió y todos los estudiantes con ayuda financiera completa reciben ahora una MacBook). Pero tal vez es lo opuesto a una trampa. Tal vez sea culturalmente ambidiestra, tan cómoda presentando a un orador en el escenario de la centenaria capilla de Andover como haciéndome un piercing en la nariz en un salón de tatuajes de New Haven. Mi hiperconciencia de cómo mi Dell escondía mis privilegios y cómo mi Mac ocultaba mis necesidades económicas me empujó a ser consciente de las complicadas historias que se escondían tras las aparentemente sencillas fachadas de mis compañeros de clase. Soy una estudiante con beca completa que se beneficia de un privilegio cultural, socioeconómico y racial: mi historia no es fácil, pero sigue siendo mía. 1

  • 1 Zöe Sottile, “My Dell hid my privilege and my Mac hid my financial need,” en “4 Standout College Application Essays,” New York Times, 12 de mayo de 2017. © 2017 The New York Times Company. Todos los derechos reservados. Reproducido con autorización.

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